Ermitaño franco que liberaba a los presos. Patrono de los cautivos y de las mujeres en parto difícil.
Leonardo nació a finales del siglo V en una familia noble del pueblo franco. Fue bautizado por san Remigio, obispo de Reims, que lo guio en la fe, y tuvo como padrino al rey Clodoveo. El rey lo apreciaba tanto que le concedió un privilegio singular: liberar a los presos que él considerara inocentes. Leonardo visitaba las cárceles y devolvía la libertad a muchos, invitándolos a cambiar de vida.Pudo haber tenido honores y cargos en la corte y en la Iglesia, pero los rechazó para entregarse a la oración. Repartió sus bienes y, con su hermano, ingresó a un monasterio. Más tarde buscó una soledad mayor en los bosques de Aquitania, cerca de Limoges. Allí vivió en una cabaña de ramas, cavó un pozo y levantó una iglesia dedicada a la Virgen María.Cuenta la tradición que, mientras la reina sufría un parto muy difícil en ese bosque, Leonardo oró por ella y el niño nació sano. Agradecido, el rey le regaló todas las tierras que pudiera recorrer en un día montado en un asno. Allí nació un monasterio, y alrededor de él, el pueblo que hoy lleva su nombre: Saint-Léonard-de-Noblat.Murió hacia el año 559, ya venerado como santo. Su devoción se extendió por toda Europa, y muchos presos liberados llevaban sus cadenas a su tumba en agradecimiento. Por eso se le representa con cadenas o grilletes en las manos. Es patrono de los presos y cautivos, de las mujeres que esperan un parto difícil y de quienes cuidan el ganado.
Oración
San Leonardo,
tú que visitabas a los presos
y les devolvías la libertad,
ruega por todos los que hoy viven encadenados:
los que están en una cárcel,
los que cargan culpas que no pueden soltar,
los que son esclavos del miedo, del rencor o de los vicios.
Intercede por las madres que esperan un hijo,
para que el parto llegue en paz
y la vida nueva nazca sana y protegida.
Alcánzanos de Cristo, que vino a liberar a los cautivos,
la gracia de un corazón libre
para amarlo y servir a nuestros hermanos.
Amén.
