Donde Cristo habla

Evangelio del día · sábado 7 de noviembre

Un solo Señor

Lucas 16, 9-15

“No se puede servir a dos señores: el corazón tiene espacio para un solo dueño.” Inspirado en Lc 16, 13

Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero él les dijo: “Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios”.

Reflexión

Jesús nos presenta una clara disyuntiva entre Dios y las riquezas, invitándonos a tomar una postura firme y coherente. «Ningún siervo puede servir a dos amos», por lo tanto, «no se puede servir a Dios y a las riquezas» (cf. Lucas 16:13). (...) Debemos decidir qué estilo de vida es auténtico. Se trata de elegir dónde depositar nuestro corazón. (...) La sed de riquezas corre el riesgo de reemplazar a Dios en nuestros corazones cuando creemos que nos salvará la vida. (...) La tentación es esta: pensar que sin Dios podríamos vivir bien, mientras que sin riquezas estaríamos tristes y agobiados por mil necesidades. Ante la prueba de la necesidad, nos sentimos amenazados, pero en lugar de pedir ayuda con confianza y fraternidad, nos dejamos llevar por el cálculo, el acaparamiento, la suspicacia y la desconfianza hacia los demás. (...) Por el contrario, Dios distribuye los bienes de la creación a todos. (...) La palabra del Señor, en realidad, no enfrenta a los hombres entre sí en clases rivales, sino que impulsa a todos a una revolución interior, una conversión que comienza en el corazón. Entonces nuestras manos estarán abiertas: para dar, no para recibir. (…) Quien sirve a Dios queda libre de las riquezas, pero quien sirve a las riquezas permanece esclavo de ellas. Quien busca la justicia transforma las riquezas en bien común; quien busca el dominio transforma el bien común en presa de su propia avaricia. (Papa León XIV, Homilía, 21 de septiembre de 2025)

Primera lectura

Filipenses 4, 10-19

Salmo 111

Dichoso quien teme al Señor